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Cultura

Refranes

O , P , Q , R

O

O jugamos todos o se rompe la baraja.

Obras son amores que no buenas razones: Aconseja, como Lope de Vega en La Dorotea y Baltasar Gracián en El Criticón, responder a la necesidad ajena con hechos y no con buenas palabras.

Oficial de mucho, maestro de nada: Es burla contra los muy ambiciosos que, queriendo abarcarlo todo, no acaban nada. También se dice del autosuficiente, que cree no necesitar la ayuda de los demás, según expresa aquel otro refrán que dice: Juan Palomo: yo me lo guiso y yo me lo como.

Oír campanas y no saber donde.

Oír, ver y callar, recias cosas son de obrar: Porque aun siendo estos tres verbos fundamento de la discreción y la prudencia, el ejercicio del silencio es duro y fatigoso.

Ojo por ojo, diente por diente: Extraído del libro del Éxodo, este precepto convertido en refrán propugna la venganza como norma de justicia.

Ojos que no ven, corazón que no siente: Santillana lo recoge en su Refranero como: Ojos que no ven, corazón que no quiebra. Significa que cuando las penas están lejos, se sienten menos. Lo decía, con parecidas palabras, San Bernardo: "Cuando los ojos no ven, el corazón no duele".

Otro gallo le cantara, si buen consejo tomara: Este refrán procede de una famosa cita evangélica y nunca se usa en sentido de atribución personal, sino con referencia a otras personas. Alude a las consecuencias que se deriven de actuar sin tener en cuenta la opinión ajena.

Otro vendrá que bueno me hará: Aconseja no radicalizar nunca los juicios negativos, puesto que a toda cosa mala bien puede suceder otra peor, como ocurre a menudo.

Oveja que bala, bocado que pierde.

P

¿Por qué me quieres, Andrés? Por el interés: El interés es -según Covarrubias- "la polilla de la virtud". Se emplea este refrán para recordárselo a todos los que se dejan guiar por él

Pagan a veces, justos por pecadores.

Pan con pan, comida de bobos: Censura, por insulso y monótono, el hábito, nada raro, de mezclar cosas afines o semejantes. Sin embargo, otro refrán, muy viejo y con muchos adeptos todavía, proclama: pan, y pan con ello, y pan para comello.

Para el gordo, poca cama, poco plato y mucha suela de zapato.

Para ese viaje no se necesitan alforjas: De este refrán se pueden hacer dos lecturas, por igual válidas: una como contestación a aquellos que, llegado el caso, brindan una ayuda tan onerosa como la propia dificultad, y otra, con la que se da a entender que el resultado obtenido en lo que fuere no es proporcional al esfuerzo aplicado para conseguirlo.

Para las cuestas arriba quiero mi burro que las cuestas abajo yo me las subo.

Para muestra, basta un botón: Enseña que el todo está contenido en la parte; de modo que sólo una pizca basta para delatar la totalidad.

Para que no se espante, el borrico por delante.

Para San Blas una hora más.

Para todos sale el sol, pero pocos lo toman.

Pelillos a la mar, para nunca desquitar: Estos "pelillos" vienen de la antigua Grecia, donde, para solemnizar el mutuo perdón de algún agravio, se arrojaban al viento algunos cabellos arrancados adrede. El refrán, hoy, mantiene el mismo significado.

Perro ladrador, nunca buen mordedor: Dice que el que apoya con aspaviento la amenaza, rara vez la consuma. Si bien es verdad -y lo señala otro refrán- que perro que mucho ladra, poco muerde, pero bien guarda.

Perro muerto, se acabó la rabia.

Pescado que canta no lo metas en tu garganta.

Piedra suelta, no tiene vuelta.

Piensa el ladrón que todos son de su condición: El ladrón justifica a menudo sus delitos diluyéndolos en una supuesta inmoralidad general, para privar así a su conducta del carácter de excepcionalidad. El refrán se emplea hoy de forma genérica para reprobar a los malpensados que atribuyen a los demás su mal comportamiento.

Piensa mal y acertarás: Afirma, con evidente mezquindad, que la regla más segura para no equivocarse en lo dudoso es formar de ello una mala opinión.

Por agua del cielo, no dejes tu riego: Dice que la lluvia, aunque siempre es beneficiosa, no excusa el regadío diario que se debe a los cultivos de huerta. De ahí que se aconseje así mismo: que llueva, que no llueva, regador, riega. Poco duran las alegrías en la casa de los pobres.

Poco es algo; menos es nada: Recomienda conformarse con lo que se posee, por poco que esto sea, ya que siempre habrá alguien que aún tenga menos. Y es que, como señala otro refrán, el que no se consuela, el porque no quiere.

Poda tardío y siembra temprano, cogerás uva y grano.

Poderoso caballero es don dinero: Pondera, en verso tomado de una famosa letrilla de Quevedo, la virtud todopoderosa del dinero. Sobre ello insistió más tarde Campoamor en una humorada: "En guerra y en amor es lo primero / el dinero, el dinero, y el dinero".

Poquito a poco hilaba la vieja el copo: Dice que la constancia y el tesón en el trabajo, aunque se realice despacio y poco a poco, acaba por culminar la más costosa labor.

Por agua del cielo, no dejes tu riego: Dice que la lluvia, aunque siempre es beneficiosa, no excusa el regadío diario que se debe a los cultivos de huerta. De ahí que se aconseje así mismo: que llueva, que no llueva, regador, riega.

Por el cabillo se saca el ovillo: Dice que en todo embrollo lo esencial es disponer de un arranque, de una pista mediante la cual venga a desembocarse en la solución. Así lo hizo Ariadna con su famoso ovillo de hilo, gracias al cual Teseo, su cautivo amante, pudo escapar del Laberinto.

Por el humo se sabe donde está el fuego.

Por el olfato se adivina el plato: Además de su evidente sentido literal, alude a que en muchas ocasiones basta con conocer una pequeña parte de algo para saber con certeza lo que acabaremos encontrando. Por eso, al respecto, dice un gracioso diálogo: le dijo el olfato al paladar: "Más vale mi olor que tu gustar". Y el paladar al olfato: "Echa tu olor en el plato".

Por fuera ponme un peldaño, no me hará provecho, tampoco daño.

Por la boca muere el pez: Citado por Delibes en Diario de un emigrante, advierte de los peligros de la indiscreción y el hablar sin prudencia.

Por la noche, todos los gatos son pardos.

Por los Santos, nieve en los altos.

Por San Andrés, nieve en los pies.

Por San Blas la cigüeña verás; y si no la vieres, año de nieves: Alude al regreso de la cigüeña en esta fecha (febrero) en busca de los climas cálidos; si no aparece por entonces, es señal de un invierno riguroso.

Por San Martín se igualan las noches a los días.

Por un clavo se pierde una herradura: Advierte que del más pequeño error pueden seguirse, encadenadamente, muchos otros, y que es preciso, pues, dar a cada cosa su importancia, por nimia que ésta pudiera parecer.

Por un garbanzo no se estropee un cocido.

Por un gato que maté, me llaman matagatos.

Predícame padre, que por un oído me entra y por otro me sale: Se dice contra los que, sordos a cualquier amonestación, soportan indiferentes cuanto se les dice, por severo que sea.

Preguntando se va a Roma.

Primero es la obligación que la devoción: Aconseja, como lo hizo Galdós en su obra La campaña del Maestrazgo, anteponer el deber a la ociosidad.

Q

Que más quisiera el gato, que lamer el plato: Es expresión de anhelo vehemente y por lo regular se aplica para manifestar complacencia en el fracaso ajeno.

Qué me quiten lo "bailao".

Qué tienen que ver las "narices" para comer trigo.

Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija: Citado en El Libro del Caballero Zifar, recuerda las ventajas que logra el que tiene protección poderosa. Aunque en cuestiones de árboles y sombras, el refranero también advierte: De la higuera, la sombra no es buena; y la del nogal, trae mucho mal.

Quien a hierro mata, a hierro muere.

Quien a los suyos se parece, honra merece: Gracián recoge este mismo refrán en El Criticón como Bien haya quien a los suyos parece, y en ambos se alaba a aquellos que actúan igual o parecido a como lo hicieron sus padres o parientes mayores.

Quien ahorra una peseta cuando puede, tiene un duro cuando quiere.

Quien algo quiere, algo le cuesta.

Quien avisa no es traidor.

Quien bien te quiere, te hará llorar: Enseña que el verdadero cariño consiste en advertir y corregir al ser querido cuando se equivoca, aunque ello sea motivo de dolor. Ya lo señalaba el adagio latino:"Quien bien ama, bien castiga".Y otro refrán nos recuerda que: Ceño y enseño, del mal hijo hacen bueno.

Quien busca, halla: Enseña que la perseverancia y la diligencia son a la par factores imprescindibles para lograr lo que se desea. Se cree que este refrán nace de la exhortación evangélica que dice: "Pedid y recibiréis; buscad y hallaréis".

Quien calla, otorga: Refrán que ya aparece recogido en El Criticón, con el que se señala que quien no protesta o contradice cuando es ocasión, da a entender que está de acuerdo con lo que se dice.

Quien come y deja, dos veces pone la mesa: Aconseja comer con moderación y reservar parte de los alimentos para la siguiente ocasión.

Quien comiendo canta, un tornillo le falta.

Quien da el primero, da dos veces.

Quien de ajeno se viste, en la calle lo desnudan: Pregona que tanto el impostor como el plagiario, antes o después, acaban por ser desenmascarados y expuestos al escarnio público.

Quien dice lo que siente, ni peca ni miente: Más instintivo que riguroso, este refrán magnifica la libertad de juicio, al contrario de este otro, que la relativiza: Andaos a decir verdades, y moriréis en hospitales.

Quien espera, desespera; y quien viene, nunca llega: Porque la espera es hija del desasosiego, y éste, por acumulación, se convierte en angustia.

Quien fue cocinero antes que fraile, lo que pasa en la cocina bien lo sabe: Manifiesta la importancia de la experiencia acumulada. Es como aquel otro: Quien fue monaguillo y después abad, sabe lo que hacen los mozos detrás del altar.

Quien fue monaguillo y después abad, sabe lo que hacen los mozos detrás del altar: Manifiesta la importancia de la experiencia acumulada.

Quien gana dos y gasta tres, ladrón es: Porque por pura lógica económica, el que gasta más de lo que gana, obtiene fraudulentamente ese plus.

Quien guarda, halla: Elogia el hábito de conservar, que, cuando es vicioso, suele granjearse burlonamente este añadido: ...Y guardaba una cascarria. Casi, pues, como Montesquieu, a cuya muerte, entre sus varios efectos personales, se halló una caja colmada de restos de cordones de zapato, no se sabe si obedeciendo al dictado de otro viejo refrán que aconseja: Guarda hasta un cordelillo de a cuarta, que alguna vez te hará falta.

Quien hace un cesto, hará ciento: Dice que aquel que es capaz de hacer una cosa, lo será también de hacer muchas otras similares.

Quien hizo la ley, hizo la trampa.

Quien mal anda, mal acaba: Advierte que el que vive desordenadamente o con malas costumbres, suele tener un final desastroso.

Quien mas tiene, mas quiere: Porque la insaciabilidad es achaque inseparable de la codicia.

Quien mucho abarca, poco aprieta: Significa que quien dispersa su esfuerzo en muchas empresas, no suele concluir ninguna bien.

Quien mucho corre, pronto para: Reprende la precipitación, que es causa del agotamiento. Ya lo decía Tito Livio: "Quien se apresura demasiado termina más tarde".

Quien mucho duerme, poco vive.

Quien mucho habla, mucho yerra: Refrán muy antiguo, recogido ya en el libro de buen amor, y que advierte que la locuacidad precipita el error. Y es que: Callar es de sabios y luenga lengua, de quien la tiene es mengua.

Quien no llora, no mama.

Quien no te conozca, que te compre: Es moraleja de un viejo cuentecillo y expresa que los defectos de las personas no se ven a primera vista. Se pone en boca del que ha descubierto el engaño o la malicia de otro.

Quien paga descansa; y quien cobra, echa panza: Porque ambos, cada cual a su modo, ven desaparecida su preocupación y satisfecha la deuda.

Quien pregunta, no yerra: Enseña que para no incurrir en juicios erróneos, se recabe siempre donde proceda la información necesaria. Si no, ya lo dijo Juan Luis Vives: "¿Qué mayor desgracia le puede pasar a un hombre que tener una opinión equivocada?"

Quien quiera peces, que se moje el culo.

Quien regala, bien vende, si quien recibe lo entiende: Dice que el regalo a menudo no es sino contravalor encubierto de soborno, y que así debe estimarse.

Quien ríe del mal de su vecino, el suyo viene de camino: Nos avisa de que no hay que regocijarse del mal ajeno, ante la posibilidad de que nos suceda lo mismo a nosotros.

Quien roba a un ladrón, tiene cien años de perdón: Es expresión de disculpa de quien comete una mala acción contra alguien con mala fama.

Quien se fue a Sevilla, perdió su silla: Reprueba el acto de descuidar, por ausencia, alguna ocupación o cargo provechoso. Alude a un litigio de gran resonancia ocurrido en la sede arzobispal de Sevilla y que sólo mediante la intervención personal del rey Enrique IV pudo ser solucionado.

Quien se pica, ajos come: Porque esa suspicacia denota que algo ha hecho blanco certero en el fuero interno del picajoso.

Quien siembra vientos, recoge tempestades: Extraido, como otros muchos, de la Sagrada Escritura, dice este refrán que el sembrador de vientos "recogerá torbellinos para su ruina". Previene sobre las nefastas consecuencias de las malas acciones o doctrinas.

Quien tan presto lo huele, debajo lo tiene: Se dice, en chanza, para señalar al que, ante una ventosidad circunstancial, se adelanta a taparse ostensiblemente la nariz.

Quien te ha visto y quien te ve: Denuncia al que, con méritos o sin ellos, sube de posición y se vanagloria desvergonzadamente.

Quien tiene boca, se equivoca: Suele decirse en son de excusa; por lo que, en réplica, ha venido añadirse: pero quien tiene seso, no dice eso.

Quien vísperas come espárragos, chupa, bebe cerveza y besa a una vieja, ni come ni chupa ni bebe ni besa.

R

Rebuzné una vez y por burro quedé.

Reprende vicios ajenos quien está lleno de ellos: Conforme a la cita evangélica, expresa lo fácil que es criticar los defectos ajenos y no reparar en los de uno mismo.

Reunión de pastores, ovejas muertas.



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