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                           El Colegio Dominico

       Al estudiar la fundación y dotación del Colegio de Nuestra Señora del Socorro, en 1547, ya hemos visto como D. Fernando de Loazes pretende convertir el paupérrimo convento que poseían los Predicadores en un centro docente para esta Orden religiosa. El acta fundacional declara explícitamente las razones que le impulsan a realizar esta transformación de convento en colegio; en concreto aduce Loazes el amor que sentía por su ciudad natal, devoción a la Virgen y a la Orden de Predicadores, y exoneración y remisión de los pecados cometidos por él y sus familiares. En conformidad con estas premisas es lógico que dispusiese su sepultura y obra pía en algunas cláusulas; que fundase en Orihuela el convento de los frailes dominicos y que mantuviese su titularidad mariana. Los documentos y la realidad concuerdan en todo.
       Son comprensibles y suficientes las razones expuestas para la fundación. No obstante, a lo largo de los siglos, se desarrollan otras causas fantásticas o erróneas que tratan de explicarla. Por un lado, se inventa la enfermedad de lepra sufrida por Loazes, que ya hemos expuesto, y su curación gracias a los cuidados recibidos en el convento oriolano de dominicos; de otro, se aduce el cariño que profesaba a su sobrino Juan, fraile de esta Orden. Respecto a la leyenda de la lepra, nada se prueba documentalmente; en cambio en lo referente a Fr. Juan Loazes queda desmentida tal afirmación, pues como ya traté anteriormente, es en realidad su hijo.
        La elección de los dominicos como beneficiarios de los bienes de Loazes se debe, según ya señalaron algunos estudiosos, al frecuente contacto que mantuvo con ellos cuando ejerció diversos cargos en la Inquisición, por la gran relación existente entre el Santo Oficio y la Orden de Predicadores. También creo que existe una razón lógica de que fundase un colegio destinado a la formación de religiosos, según se deduce de unos datos apuntados ya en su biografía. Se trata concretamente del interés demostrado por Loazes en la reforma monástica, siendo Inquisidor de Barcelona; así lo prueba la carta de San Francisco de Borja a San Ignacio de Loyola, que trata de este asunto. Es lógico que con posterioridad, siendo ya una dignidad eclesiástica, Loazes mantuviese su empeño en el tema y que decidiese contribuir activamente en la renovación monástica. Teniendo en cuenta que el mejor elemento para combatir la degradación a que habían llegado los conventos era aumentar la formación religiosa de los eclesiásticos, como dispone poco después el Concilio de Trento, es evidente que la fundación del Colegio de Predicadores de Orihuela está encaminada a este fin. En las cláusulas fundacionales D. Fernando de Loazes realiza una serie de estipulaciones, ya señaladas en el apartado correspondiente, que debía observarse en el funcionamiento del Colegio y
que caracterizarán este centro docente hasta la exclaustración.
       Fundamentalmente debemos señalar que estaba destinado, única y exclusivamente, a la formación de frailes dominicos; en principio se determina, en 1547, que se nombren veinte colegiales y posteriormente, en 1555, se aumenta a treinta y seis; en ambas ocasiones señala el fundador de qué lugares y en qué número debían elegirse los frailes que allí estudiasen. También ordena el tiempo que deben permanecer en el Colegio, siete años, reintegrándose después a sus conventos de origen, de forma que las enseñanzas adquiridas fuesen provechosas para todos los monasterios que los habían enviado. La docencia sería impartida por tres lectores de Artes y Metafísica, Teología de Santo Tomás y Sagradas Escrituras.
        El 26 de septiembre de 1552 se consiguió la Bula del papa Julio III que aprobaba la fundación y dotación del Colegio de Nuestra Señora del Socorro de Orihuela, y concedía validez académica a los grados de Bachiller, Licenciado y Doctor que consiguiesen los colegiales dominicos que en él estudiasen: Como por expreso deseo del fundador, se debía realizar el edificio del Colegio de nueva planta, nombrando entonces un rector que sustituyese al prior del convento, se retrasó el inicio de los estudios durante bastantes años; hasta que al fin, en octubre de 1568, el Provincial de la Orden de Predicadores nombró al Rvdo. P. Luis Nadal rector del Colegio, y lectores a los PP. Lorenzo Ferrer, Francisco García y Tomás Ferrer, comenzando las clases ese curso. No obstante, como las obras no se habían concluido, se suspendieron en noviembre de1569, trasladándose los colegiales a otros conventos, para que pudieran avanzar las obras al ahorrar el sustento de los frailes.

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